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Mostrando entradas de 2012

Mal de altura

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Esta es la historia de un hombre que camina con un muerto . A partir de ahí un cuento. Un cuento que habla de mar, de cielo, de nubes. Desde arriba, desde la altura, desde esa posición en la que todo se deforma quizás para verse más claro. O no. También es la historia de una búsqueda, porque todos y todas buscamos algo, pero solo unas pocas personas son capaces de asumir esa búsqueda en toda su radicalidad, en toda su crudeza, por las regiones etéreas y frías donde reina el mal de altura. En cualquier caso, quizás lo más sensato sea leer más . O no.

La dificultad de mirar desde arriba

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 La dificultad de mirar desde arriba radica en el problema de las distancias. Apenas se separa uno de la realidad de las cosas, y ya empieza a entrar en juego la acción engañosa de las perspectivas. Para evitarlo – eso podría pensar una inteligencia lógica y lúcida – nada mejor que permanecer pegado al mero ocurrir de los sucesos, ajustarse como una segunda piel a lo acontecido para ver si deviene acontecimiento. Sin embargo, por muy lógico que sea el razonamiento, por mucho que parezca la necesaria consecuencia de sus premisas, la experiencia, la terca y descorazonadora razón empírica, nos dice que los resultados de tan loable y abnegado esfuerzo no suelen ser más fiables que los que se obtienen desde la separación y el alejamiento; quizás por la sencilla razón de que la cercanía, por muy radical que esta sea, no puede dejar de ser una distancia y, como tal, pese a sus pretensiones de validez y fiabilidad, también se halla aquejada del mal de las perspectivas. Lo dich...

Mañana de agosto

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Lo que encontrará en esta entrada la persona que lee es un relato, un cuento para usar la expresión más cálida y menos novelesca, un trozo de lenguaje escrito que trata de contar una historia, una historia de ficción, lo cual no quiere decir que no sea verdadera, una historia que nace con la única pretensión de ser leída. Su título, el mismo de la entrada: Mañana de agosto . Su argumento, algo relacionado con el mundo de los sueños, pero no con aquellos sueños que nos asaltan cuando dormimos, sino con los otros, con los que nos acompañan cuando estamos despiertos, esos que nos son imprescindibles para poder vivir. Pues bien, de esos sueños trata nuestro cuento, de ellos y del derecho inalienable a tenerlos, pero también de los esfuerzos continuos, del camino muchas veces pedregoso que nos vemos sometidos a emprender para poder intentar hacerlos realidad. De todas formas, mejor que no nos lo cuenten. Si se trata de leer...  leamos.

Llamadas telefónicas. Roberto Bolaño

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Leer a Bolaño es siempre un ejercicio que se hace desde la distancia. Desde la distancia que va dejando su recuerdo, su pérdida, la imagen de la huella del maestro desaparecido; pero también desde la distancia desde la que hemos de mirarlo aquellos que apenas separamos los pies del suelo en este vuelo imposible que es la literatura. Leer a Bolaño es leer a un gigante hecho en la clandestinidad, en la oscuridad eterna de quienes se afanan durante años por levantar una obra y en ello empeñan algo más que la vida, de quienes saben que, como diría Pessoa, la verdadera gloria literaria es "La gloria nocturna de ser grande no siendo nada". Bolaño poeta, Bolaño novelista, Bolaño cuentista, Bolaño total y radicalmente escritor. Ese es el Bolaño que he reencontrado en este libro de cuentos. Un libro de cuentos con tres partes que delimitan tres temas fundamentales: los escritores y la escritura; los detectives, la violencia y el lado oscuro de la vida; las mujeres, el amor...

Ante una nueva jornada

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Aparecer, mostrarse a uno mismo, lejos de exhibicionismos narcisistas, sin humildades de sacristía pero tampoco con orgullos excesivos. Simplemente mostrar lo que uno escribe, lo que uno lee, lo que uno vive. Esa y no otra es la modesta intención de esta bitácora que, como tal, no deja de ser un cuaderno, un lugar misceláneo por naturaleza donde podrá tener cabida cualquier cosa que pueda interesar a alguien como yo, tocado por el mal de la literatura. Pero también algo provisional en su propia concepción, un algo que, como toda obra, se irá haciendo día a día, paso a paso, sin tener prefijado ayer la orientación que tomará mañana, un poco también como la literatura, un poco también como la vida. Bien pensado, iniciar un proyecto como el de esta bitácora tiene bastante que ver con reiniciar un camino, y digo reiniciar porque estoy convencido de que nada nace de la nada, de que todas las cosas, y nosotros entre ellas, inician siempre su andadura desde un punto que jamás es el origen,...